VACACIONES DE NAVIDAD (Microrrelato)

Volver de vacaciones es siempre deprimente. Pero volver de vacaciones a una vida que no sabes por dónde coger es peor aún. Te quedas allí, de pie, en el recibidor, rodeada de bolsas y maletas mientras la realidad, con su fea cara, te da la bienvenida. Porque la realidad, muchas veces, es aterradora, devastadora, y te va tragando y masticando centímetro a centímetro, devorándote mientras tú intentas escapar de las fauces del animal. Durante las vacaciones te has hecho la ilusión de que todo va bien, de que todo fue un mal sueño pero, a la vuelta, no te queda más remedio que despertar. Lo único que deseas es meterte en la cama, dormirte y esperar que, a la mañana siguiente, todo haya desaparecido. Pero la realidad, a parte de devastadora, es muy tozuda, y, a la mañana siguiente, sigue ahí, plantada ante ti. En ese momento te das cuenta de que sólo tienes dos opciones: luchar o huir. Cuando llevas tanto tiempo huyendo, sabes por experiencia que la realidad siempre es más rápida que tú y que, antes o después, te cazará, te arrinconará y te pondrá entre la espada y la pared. Por muchas veces que te escabullas, por mucho que corras, por más que lo intentes, te atrapará. Te arrinconará y, esa vez, no habrá escapatoria. Y cuando ya no tengas a donde huir te darás cuenta de que lo único que puedes hacer es luchar. Y darás gracias por ello. Porque ese día, por fin, podrás dejar de correr.

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