NAVIDAD


A mí nunca me gustó la Navidad. Bueno, la Navidad sí, pero no el carácter familiar de estas fechas. Cuando yo pienso en las navidades vienen a mi recuerdo imágenes de gritos, peleas, bromas pesadas... no nos permitían defendernos. Mejor dicho, no nos había enseñado a defendernos. A nosotros nos enseñaron que cuando alguien se ríe de nosotros hay que sonreír forzadamente y seguir la broma, porque no se puede desairar al otro. Hoy sé que cuando alguien se ríe de ti hay que pararle los pies, porque la dignidad y el respeto por uno mismo están por encima de todo.

Me ha costado más de cuarenta años aprenderlo. Por ello, no dejes nunca que, sea quien sea, te pisotee. Da igual que sean tus padres, tu pareja, tu jefe, tus amigos o tus compañeros. Tu valía es mucho más importante. Cuando alguien te intente pisotear defiéndete. No hace falta gritar ni pegar.

Símplemente, plántale cara.

Es sólo cuestión de práctica. Salvaguardar la propia dignidad es algo que, como muchas otras cosas, se aprende. Aunque no te lo enseñaran quienes debieron hacerlo, porque ellos tampoco sabían salvaguardar la suya propia, aún estás a tiempo de aprender.

Quiérete.



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