Recuerdos de la infancia (Microrelato) / Childhood memories (microstory)


Una de las cosas que más me gustan es tender la ropa en la azotea del edificio. En el centro de Madrid esto no es posible, pero por donde ahora vivo sí. Y me encanta. Me encanta porque me trae recuerdos mediterráneos. Cuando yo era pequeña, veraneábamos en un pequeño apartamento en Jávea, Alicante. Mi madre lavaba en una pequeña lavadora de turbina y subía a la azotea a tender y a mí me gustaba mucho acompañarla. La azotea estaba inundada por el sol de la costa, y la brisa salada y marina jugaba con nuestros cabellos. Desde nuestro apartamento no se veía el mar, pero desde la azotea la inmensidad azul parecía no tener fin. Recuerdo las sábana blancas, luminosas al sol, bailando al viento, el aroma del suavizante, la grata tarea de extender las sábanas al máximo y poner bien las pinzas para que no se enrollaran sobre sí mismas...

Hoy, cuando tiendo, también veo un mar, un mar verde conformado por los pinos del monte del Pardo, la casa de Campo, la Ciudad Universitaria... y miro lejos, hasta donde alcanza la vista, y me vuelvo a sentir esa niña que correteaba entre la ropa blanca secándose al sol del mediterráneo.

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Mount El Pardo, Madrid
One thing that I like most is hanging the clothes on the rooftop of the building where I live. In the center of Madrid is not possible doing this, but where I live now it is. And I love it. I love it because it brings back to me  Mediterranean memories. When I was a little girl, we spent summer in a small apartment in Javea, Alicante. My mother washed in a small washer turbine and she went up to the rooftop to hang the clothes and I liked a lot going with her. The roof was flooded by the east sun and the salty sea breeze played with our hair. From the apartment we couldn’t see the sea, but from the roof, the blue vastness seemed endless. I remember the bright sun, dancing in the wind, the smell of fabric softener, the pleasant task of spreading the sheets to the fullest and carefully put the  tweezers so the sheets didn’t roll over themselves

Today, as I do it, I also see a sea, a green sea formed by the trees of Mount Pardo, Country House, Ciudad Universitaria ... and  I look away, as far as my eye can see, and I feel myself again as that little girl scampering between white clothes drying under the Mediterranean sun. 

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