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La vida no sabe de geometría

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Dicen que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta, y que, si quieres ir de un lugar a otro lo más rápido posible, es el camino que debes seguir. Eso me lleva a pensar que la vida no entiende de geometría, al menos no de la Euclidiana, porque nunca sigue la línea recta. Muy al contrario, a la vida le encantan los zigzags, girar sobre sí misma, zarandearte de un lugar a otro sin aparente sentido, volver hacia atrás, saltar hacia adelante y, sobre todo, llevarte a lugares a donde no tenías pensado ir. Como si, al final, fuera un loco quien diseñara tu camino.

No somos inmortales

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Es cierto. No lo somos. Pero, desde el día en que venimos al mundo, nos comportamos como si lo fuéramos. Vivimos como si la vida fuera infinita y el tiempo ilimitado, casi ignorando que, desde el momento en que nacemos, empezamos una carrera contra el reloj en la que nunca tendremos las de ganar y nunca sabremos cuánto durará.
No se trata de ser pesimistas. Simplemente, cuando alguien a tu alrededor muere, te acuerdas de que no tienes el don de la inmortalidad. Y curiosamente, eso te puede llevar a vivir aún más intensamente.

INVICTUS

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Hace unos días volví a ver la película Invictus, de Clint Eastwood, que ya había visto en el cine. Esta película, además de permitirnos disfrutar a los aficionados a este deporte de unas escenas soberbias de rugby, narra los primeros años de Nelson Mandela como presidente de Sudáfrica después de la abolición del Apartheid.

En una escena, Nelson Mandela (Morgan Freeman) narra al entrenador del equipo de rugby de Sudáfrica François Pienaar (Matt Damon) el poema de William Ernest Henley que se recitaba a sí mismo una y otra vez cuando estaba confinado en la prisión y que le sirvió como inspiración y motivación para salir adelante y mantener la esperanza durante todos aquellos años de reclusión. 

Pánico al silencio

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Yo tomo el metro muy temprano por la mañana para ir a trabajar. De todas las opciones de transporte público que existen, el metro es la que más me gusta, no sólo porque te permita librarte de los atascos de tráfico interminables tan habituales en Madrid, sino porque el hecho de que viaje bajo tierra, para mí le da un encanto especial. En cierto modo, te aislas de todo, del ritmo de la ciudad de bulle encima de ti y es una especie de paréntesis antes de entrar en la vorágine del trabajo diario, como si de repente entraras en una dimensión en la que todo se detiene, estilo Matrix. 
Habitualmente, ese tiempo del metro se utiliza para leer, echar la última cabezada antes de empezar la jornada, enterarse de las noticias por el periódico gratuito (aunque últimamente esta actividad es muy estresante por los sustos que nos da la economía) o simplemente dejar pasar el tiempo, sumido en los propios pensamientos, aprovechando esos minutos del trayecto del metro para hacer algo que no podemos hace…

Reencontrarse con el niño interior

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Cuando somos niños, tenemos abiertas todas las posibilidades. Podemos aprenderlo todo, serlo todo y vivirlo todo, y siempre desde una pasión desmesurada, arrolladora, que hace que cada instante, cada vivencia, cada experiencia sea única, intensa, magnífica. Cuando crecemos, vamos perdiendo esa intensidad. Comenzamos a preocuparnos más por el futuro, a angustiarnos por lo que nos ocurrirá mañana, pasado mañana, el mes que viene o dentro de diez años, y nuestro presente se queda reducido a pequeños momentos en los que, vagamente, recordamos quienes éramos. Empujados por la senda que hemos escogido, nuestro sueños van quedando atrás, y se alejan aquellos días en los que queríamos ser astronautas, bailarines, superhéroes, una cosa cada día o todas  a la vez, porque podíamos serlo todo. Pero nos decimos a nosotros mismos que somos adultos, que tenemos obligaciones, que debemos madurar. 

Gafas Google con ordenador integrado

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Hoy he visto que Google está trabajando en un prototipo de unas gafas con un ordenador integrado. Vaya por delante que soy una enamorada de la tecnología y que no puedo sino sorprenderme y admirar de las cotas de invención a las que está llegando el ser humano, desde construir una estación espacial hasta permitirnos mantenernos comunicados en cualquier punto del planeta. 
Dicho esto, cuando escuchaba la información y veía el vídeo de presentación en el cual el usuario de las gafas quedaba con sus amigos mientras desayunaba, miraba al cielo y veía la temperatura, la humedad y la previsión del tiempo o el ordenador le indicaba el mejor camino para ir a pie si el metro estaba averiado, no he podido evitar preguntarme si llegará un momento en el que, como en las películas de ciencia ficción, terminemos controlados por un ordenador. No en el mismo modo en que se describen en las películas, con un superordenador que controle a la humanidad, sino si llegará un momento en que no sepamos qué ha…

Obesidad, psicología y fuerza de voluntad

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Ayer por la noche vi un programa en el que se presentaban las excelencias del un método de adelgazamiento de moda, que promete perder perder kilos de forma rápida y fácil y no recuperarlos. No vi el programa entero, es verdad, pero vi al entrevistador hablar con una de las personas que había conseguido adelgazar una gran cantidad de peso. Y todo el rato hablaba de voluntad, tesón, esfuerzo, fuerza de voluntad, decisión, etc., etc.

No pude evitar pensar que, por supuesto, hace falta todo eso para perder peso, pero eso no quita que se siga manipulando una realidad que cada día afecta a miles de personas con el sólo objetivo de seguir generando dinero para una industria que seguramente es una de las más boyantes hoy día, como es la industria del adelgazamiento: pastillas, cremas, dietas, libros, métodos... y personas que día a día se gastan miles de euros intentando intentando lograr lo que todos ellos prometen: adelgazar.

Cuando te hagas un lío, sigue bailando

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Esta es la frase que Al Pacino le dice a Chris O'Donell en la película "Esencia de mujer" mientras una pareja baila un tango delante de ellos. Desde que la escuché, siempre he pensado que es uno de los mejores consejos que uno puede seguir cuando la vida se lía y todo lo que hasta ese momento parecía conocido parece desmoronarse.