domingo, 4 de marzo de 2012

Obesidad, psicología y fuerza de voluntad



Ayer por la noche vi un programa en el que se presentaban las excelencias del un método de adelgazamiento de moda, que promete perder perder kilos de forma rápida y fácil y no recuperarlos. No vi el programa entero, es verdad, pero vi al entrevistador hablar con una de las personas que había conseguido adelgazar una gran cantidad de peso. Y todo el rato hablaba de voluntad, tesón, esfuerzo, fuerza de voluntad, decisión, etc., etc.


No pude evitar pensar que, por supuesto, hace falta todo eso para perder peso, pero eso no quita que se siga manipulando una realidad que cada día afecta a miles de personas con el sólo objetivo de seguir generando dinero para una industria que seguramente es una de las más boyantes hoy día, como es la industria del adelgazamiento: pastillas, cremas, dietas, libros, métodos... y personas que día a día se gastan miles de euros intentando intentando lograr lo que todos ellos prometen: adelgazar.




Pero pocas enfermedades hay que tengan un componente psicológico tan profundo como la obesidad. ¿O acaso es posible creer que alguien pesa ciento cincuenta o doscientos kilos sólo porque no tiene la suficiente fuerza de voluntad de ponerse a dieta? ¿Porque le gustan tanto las hamburguesas y las patatas fritas que prefiere tener problemas cardiacos, respiratorios, cirulatorios, psicológicos y de relación con los demás sólo por seguir comiendo?

Por supuesto que una mala alimentación influye en el sobrepeso pero en los casos de obesidad mórbida, cuando quien la padece es ya incapaz de atarse los zapatos, no es sólo la mala alimentación la que influye. Me dirán, por supuesto, que si esa persona comiera sólo fruta, verdura y cosas cocinadas a la plancha, adelgazaría. Y es cierto. Entonces ¿por qué no lo hace? Porque cuando tomamos pastillas, usamos cremas o copiamos recetas de libros que nos prometen que en pocos meses utilizaremos la talla de Claudia Schiffer, por poner un ejemplo, no estamos resolviendo la causa originaria de la obesidad. La obesidad, en la casi totalidad de los casos, es el síntoma, pero no el problema.

Pocas personas hay que sepan tanto de dietas, calorías y técnicas de adelgazamiento como los obsesos. Personas que, casi desde la adolescencia están a dieta, que han tenido desde siempre una relación viciada con la comida, en muchos casos porque su familia no les ha permitido tener otra. Ansiedad, fobias, miedos, maltrato físico y psicológico, abuso sexula en la infancia y mil causas más se gestan detrás de personas obesas. Personas que prefieren comer y comer sin parar, dañando su salud y perdiendo su vida antes que hacer frente al dolor y lo vivido, porque no saben cómo hacerlo, porque no se creen capaces de hacerlo, porque no lo son.

Es mucho más fácil hacerles sentir culpables por no tener fuerza de voluntad, que personas que jamás han tenido un problema con la comida, pero que puede que lo tengan con el alcohol, las drogas, el sexo, el juego, en sus relaciones con los demás y un sin fin de cosas más, les echen en cara que, si quisieran, adelgazarían. Que son débiles, que debería darlas vergüenza, o, en el peor de los casos, asco, mirarse al espejo y verse así. Con lo cual, no sólo no ayudan a quien padece obesidad, sino que aumentan aún más una de las raíces del problema: el odio hacia sí mismo.

Porque la obesidad es un trastorno psicológico que, a diferencia de otros, se ve, y no sólo se ve, sino que se considera a la persona obesa alguien de la que está bien reírse, hacer burla, o hacer sonrojar o incluso llorar en la calle. Los gordos son sucios, abúlicos, no tienen voluntad, no triunfan, son poco inteligentes y un sin fin de creencias más que los ha llevado siempre a estar muy por debajo de su nivel intelectual y académico.

Para tratar la obesidad hay que tratar la realidad que subyace bajo todos esos kilos demás, y dejar de señalar como culpables a los obesos. Si estuviera en su mano, si realmente fuera sólo cuestión de fuerza de voluntad, la 90% de ellos no lo sería. Pero mientras la industria del adelgazamiento apoyada por programas de televisión que lo único que hacen es denigrar a las peronas siga enriqueciéndose, mientras no veamos la obesidad como un problema psicológico y de salud y no como una opción libre, estaremos poniendo más piedras aún en el camino de unas personas que, desde que se levantan, libran una batalla diaria hasta que se acuestan.







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