INVICTUS

Hace unos días volví a ver la película Invictus, de Clint Eastwood, que ya había visto en el cine. Esta película, además de permitirnos disfrutar a los aficionados a este deporte de unas escenas soberbias de rugby, narra los primeros años de Nelson Mandela como presidente de Sudáfrica después de la abolición del Apartheid.


En una escena, Nelson Mandela (Morgan Freeman) narra al entrenador del equipo de rugby de Sudáfrica François Pienaar (Matt Damon) el poema de William Ernest Henley que se recitaba a sí mismo una y otra vez cuando estaba confinado en la prisión y que le sirvió como inspiración y motivación para salir adelante y mantener la esperanza durante todos aquellos años de reclusión. 


El poema se titula como la película, Invictus, y quiero compartirlo con vosotros, porque resulta especialmente inspirador y balsámico cuando se están atravesando momentos difíciles o de incertidumbre en la vida. Es, además, al menos para mí, un poema muy poderoso, que merece la pena recordar. Porque siempre, sea lo que sea lo que sucede a tu alrededor, eres el amo de tu destino. No lo olvides nunca. 


INVICTUS
Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.

En las azarosas garras de las circunstancias

nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino

mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas

donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

No importa cuan estrecho sea el portal,

cuan cargada de castigos la sentencia
Soy el amo de mi destino
Soy el capitán de mi alma.


William Ernest Henley

INVICTUS
Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find, me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll.
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.
William Ernest Henley

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