La vida no sabe de geometría


Dicen que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta, y que, si quieres ir de un lugar a otro lo más rápido posible, es el camino que debes seguir. Eso me lleva a pensar que la vida no entiende de geometría, al menos no de la Euclidiana, porque nunca sigue la línea recta. Muy al contrario, a la vida le encantan los zigzags, girar sobre sí misma, zarandearte de un lugar a otro sin aparente sentido, volver hacia atrás, saltar hacia adelante y, sobre todo, llevarte a lugares a donde no tenías pensado ir. Como si, al final, fuera un loco quien diseñara tu camino.


Pero lo más curioso es que, al final, una vez has recorrido ese camino, que ha sido mucho más largo y te ha llevado mucho más tiempo del que pensabas, cuando finalmente llegas al destino que te habías propuesto, te das cuenta de que todos los lugares que has visitado, etapas que has vivido o experiencias que has tenido, que en la mayoría de los casos no tenían que ver con tu destino, eran necesarios para llegar a él. Que todo aprendido era necesario, aunque a veces el aprendizaje fuera duro.


Por ello, cuando sientas que te pierdes, sigue caminando. No dudes y no dejes de confiar porque, al final, siempre, encontrarás tu destino. 

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