Viejos propósitos de Año Nuevo

Hoy, a pocos días de terminar el año, he visto en televisión un anuncio de un producto para dejar de fumar, lo que me ha llevado inmediatamente a pensar en los propósitos de Año Nuevo. ¿Quién no siente remordimientos al pensar en todo aquello que se prometió lograr en Enero de este año y que olvidó a los pocos? ¿Quién de nosotros no hace de nuevo una lista, clónica de las anteriores, esperando que este sea el año en que, por fin, seamos capaces de llevar a cabo todos esos puntos que anotamos, aunque sea mentalmente?



Yo no soy una excepción. He perdido la cuenta de las veces que he escrito listas que después no he cumplido. Listas que, mientras las escribía, ya sabía que no llevaría a cabo. Ir al gimnasio, perder peso, comer más pescado, levantarme cada día con el pie derecho y otros tantos puntos más que, a mediados de febrero, pasan a ser un recuerdo que sólo resucita a finales de Diciembre. Creo que el único propósito de Año Nuevo que conseguí fue dejar de fumar, justo el año que no me lo había propuesto. 

También me ha venido a la mente una frase, no sé exactamente de quién. Creo que se la atribuyen a Einstein, aunque no estoy segura de que sea suya. La frase dice algo así como "Quien hace siempre las cosas del mismo modo esperando resultados distintos, está loco". Y es verdad. Hacer una lista de propósitos de Año Nuevo es un bonito ritual, pero, a menos que se obre un milagro, no se llevará a cabo por sí mismo.

Por ello, he pensado hacer las cosas de otro modo este año, empezando por no hacer lista de buenos propósitos. Esa lista, en mí, surte el efecto contrario: me aleja de ellos en lugar de acercarme a mis objetivos. Y como, antes o después, quiero cumplirlos, empezaré por ese pequeño cambio.

Sé que no es suficiente, pero también sé que, a menudo, basta un pequeño cambio para poder ver las cosas de forma diferente, para cambiar nuestra perspectiva y encontrar motivaciones y apoyos en los que hasta ahora no habíamos reparado, modos distintos de lograr aquello que llevamos mucho tiempo anhelando.

Por supuesto, hablo de aquello que está en nuestra mano, por ello son propósitos. En la lista de deseos cabe aquello que no depende de nosotros, al menos no en su totalidad, sino que necesitamos también estar en el momento justo en el sitio exacto. Por ello, la mitad de cada deseo la meteré en los propósitos y la otra mitad la guardaré en ese papelito doblado mil veces que, aunque pequeño, manoseado y casi insignificante es, en muchos casos, el que me ayuda a conservar la esperanza de que, algún día, el deseo se hará realidad, incluso cuando todo parece estar en contra.

Feliz Año Nuevo a todos. Y espero que consigáis vuestros propósitos cuando quiera que los formuléis.

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