La vida secreta de Walter Mitty


Confieso que aún no he visto la película (queda dentro de mis tareas pendientes del fin de semana), pero al ver el trailer la semana pasada, antes de la segunda parte de "El Hobbit", confieso que me llevé una gran alegría. 

A mi mente acudieron las imágenes de la película del 47, protagonizada por Danny Kaye y dirigida por Norman Z. McLeod, de la cual la actual es un remake. La protagonizada por Ben Stiller cuenta con muchos más medios técnicos, lo que la hace mucho más atractiva, pero el fondo es el mismo. En ambas el protagonista es alguien que se dedica a soñar, pero nunca pone en práctica sus sueños para hacerlos realidad. 


Son muchas las ocasiones en las que eso ocurre. El miedo, la pereza, el qué dirán o el estar seguros de que no lo conseguiremos (o de que sí podremos conseguirlo) muchas veces nos paralizan y nos mantienen en ese estado en el que nuestra cabeza no deja de fabular, de fantasear con aquello que nos gustaría hacer; lo vemos con todo lujo de detalle, podemos olerlo, sentirlo, tocarlo..., el sueño se vuelve tan real que prácticamente lo estamos viviendo..., hasta que la realidad, esa de la que queremos escapar soñando, llama a nuestra puerta y nos vemos obligados a hacerle caso. 

No siempre es fácil perseguir un sueño. Son muchos los obstáculos que se interponen en el camino. Unos nos los ponemos nosotros mismos, especialmente en forma de miedo y otros los demás, ya que no siempre conseguir lo que uno quiere depende de uno mismo. En mi caso, por ejemplo, para que mi sueño de publicar un libro se haga realidad es necesario que yo trabaje, escriba y corrija mi novela, hasta lograr un trabajo casi perfecto, pero nada de ello habrá servido para nada si no doy con un lector o agente de una editorial a quien le guste mi obra y decida que merece la pena apostar por ella. 

Los sueños se acompañan de incertidumbre. No sabemos si se harán realidad y, si es así, tampoco podemos estar seguros de que todo suceda tal y como lo imaginamos en nuestra mente; puede que tome otros derroteros totalmente distintos y nos haga saltar los esquemas. Pero, aún así, creo que siempre merece la pena luchar por un sueño, sea el que sea, grande o pequeño, posible o casi imposible..., a mí, al menos mi sueño me proporciona una ilusión diaria, una motivación y me ayuda a superar esos malos momentos por los que todos pasamos en la vida. Por ello, para mí, es imprescindible seguir soñando, eso sí, con un block al lado para trazar un plan intentando convertir esos sueños en realidad. 


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