Y toca corregir...

Cuenta la leyenda que, en la Florencia del s.XV nadie sabía qué hacer con un enorme bloque de mármol que habían traído de la cantera. Era tan grande que ningún escultor podía utilizarlo hasta que un día Miguel Ángel decidió hacerlo. De ese bloque que nadie quería salió ni más ni menos que el “David”, una de sus obras más bellas y conocidas. Cuando le preguntaron a Miguel Ángel cómo había podido esculpir aquella estatua tan magnífica en aquel bloque de mármol, el contestó: “El David ya estaba ahí. Yo simplemente quité lo que sobraba”.

Vaya por delante que no me comparo con Miguel Ángel, por supuesto, nada más lejos de mi intención. Pero cuando estoy corrigiendo una de mis novelas, siempre me acuerdo de esta anécdota. Cuando escribes, todo fluye, las palabras te llegan una detrás de otra, imparables, llevándote a una vorágine de creación que es difícil detener.


Durante ese proceso de creación no te puedes parar a ver el estilo, ni la corrección ortográfica o si algún personaje te ha salido de la nada o le has cambiado el nombre tres veces. Si lo hicieras, matarías la creatividad. Por ello, una vez que has terminado la obra, empieza el pulido.

La mayoría de los escritores recomiendan dejar la obra descansar unos meses en un cajón y debo reconocer que es un buen consejo. Si la corriges nada más terminarla estás tan metida en la historia que no ves los fallos que tiene. Apenas puedes corregir algún error ortográfico, pero no de trama. Si pasa el tiempo, pones distancia y ves la obra ya no como obra tuya, sino que te acercas a ella como si hubiera sido escrita por otro. Entonces, armado con un boli, tachas, pones, quitas, formulas, reformulas y vas, como Miguel Ángel, quitando todo lo que sobra, todo lo que le resta belleza y coherencia a aquello que has escrito.
Muchos escritores dicen que disfrutan de este proceso. Yo debo reconocer que, aunque no me disgusta, no es mi parte favorita. A mí me gusta escribir y debo obligarme para dedicar el tiempo a corregir la obra. Algo, por otra parte, imprescindible, para sacar todo lo que el germen de la novela lleva en sí cuando la has escrito.

En ese proceso ando yo inmersa ahora con mi novela “Senderos cubiertos de rosas”, dándole los últimos retoques de cara a su próxima publicación en Amazon, sacándole brillo y poniéndola guapa para que dé lo mejor de sí misma cuando sea lanzada al proceloso mar de la edición digital.

Ya os iré informando. Por ahora, además de la corrección, estoy con el diseño de la portada, que espero que os guste.

Os dejo, que tengo que seguir corrigiendo…

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