Propósito de año nuevo #1: Limpiar nuestro desván interior

1 de enero. Un día en el sentimos que abrimos un nuevo capítulo del gran libro de nuestras vidas. Y ¿por qué no? Quizá dentro de quince días hayamos abandonado todos nuestros propósitos, quizá no. Pero es indudable que nos sentimos renovados por dentro, con la sensación de tener una nueva oportunidad para alcanzar nuestros sueños, ser un poquito más como nos gustaría ser y sentirnos más auténticos y mejor con nosotros mismos. 

No siempre tenemos tiempo o el estado mental necesario para echarnos un vistazo introspectivamente hablando. Son tantas las obligaciones que tenemos a diario que, a menudo, nos olvidamos de nosotros mismos, preocupados u obligados a llegar a todo. 


Por eso hoy es un buen día para hacerlo. Con la sensación de que tenemos un nuevo año por delante no nos juzgamos demasiado duramente, confiamos en nosotros y estamos henchidos de esperanza. Y, consigamos lo que nos propusimos o no, es ya un gran paso. 

Quizá los mejores propósitos de año nuevo no sean los que suponen hacer cosas, sino los que nos llevan a dejar de hacer aquellas que nos dañan, nos rebajan o nos hacen sentirnos mal con nosotros mismos. Propósitos que nos ayudan a reivindicarnos como personas, a reconocernos a nosotros mismos y a sentir que nos queremos y nos cuidamos. Al igual que un desván sin cuidar se llena de telarañas, nuestro interior a veces guarda bichos que no nos gustan, nos corroen por dentro, nos dañan y nos apartan de la felicidad. Abrir las ventanas de nuestra alma, armarnos con un plumero y quitar todas las telarañas, decidir qué queremos conservar y qué no quizá sea el primer paso para después poder cumplir nuestros propósitos de año nuevo. 

Sea cual sea tu sueño, persiguelo. Pero no olvides que, antes de poder volar, un globo debe soltar lastre. Es hora de sacar de la barquilla aquello que nos hunde, que nos arrastra como el plomo hasta el suelo, llevándonos a ver nuestros sueños como una pluma que se aleja en el cielo, escapando de nuestro alcance para siempre. 

Quiérete y cuídate. Hacerlo no es ser egoísta, sino generoso con uno mismo. Suelta lastre y corre ligero como el viento tras ese sueño que siempre quisiste hacer realidad. No importa la edad que tengas, ni lo que hayas hecho hasta ahora o dejado de hacer. Cada día es una oportunidad, cada momento es el perfecto para ser cómo y quién realmente quieres ser. 

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