El miedo a abrir la caja

The Big Bang Theory es una serie que me encanta. No sólo por ser tan divertida e ingeniosa como es, sino también por lo que se aprende de física viéndola. Ayer estuve viendo un capítulo antiguo en el que Penny le preguntaba a Sheldon cómo saber si estaba enamorada de Leonard, y éste le respondía que a ella le estaba sucediendo como al gato de Schrödinger. Básicamente, se trata de un gato en el que se le mete en una caja y se le somete a una serie de rayos X. Mientras no abres la caja, el gato puede a la vez estar vivo o muerto, pero sólo cuando abres la caja y miras, una de las posibilidades se hace real y la otra desaparece. 

Aquello me hizo pensar en las muchas ocasiones en que, durante nuestra vida, nos encontramos como el gato de Schrödinger, viviendo dos posibilidades paralelas a la vez: después de una entrevista de trabajo, en la que podemos haber sido elegidos y no haberlo sido al mismo tiempo, hasta que nos llaman o no, después de pedirle a una chica/o si quiere salir con nosotros, momento en el cual podemos estar saliendo con él o ella o no estar saliendo al mismo tiempo, momentos antes de tomar una decisión importante, en la cual estamos viviendo las dos opciones al mismo tiempo...

Y, en muchas ocasiones, lo que más miedo nos da, es, efectivamente, abrir la caja. Porque ello significa dejar atrás una de las posibilidades y aceptar la real, la que el destino o nosotros mismos hemos elegido. En muchas ocasiones retrasamos lo más posible la apertura de la caja, porque, además de eliminar una de las posibilidades, ello significa asumir la responsabilidad de la opción que ha quedado viable. 

Pero, al mismo tiempo, una vez que abrimos la caja, nos sentimos reconfortados. Primero, por haber tenido el valor de superar nuestros temores, haber respirado hondo y haber abierto la caja, sintiéndonos capaces de afrontar lo que haya en ella. Y segundo porque hemos dejado de vivir en la incertidumbre, porque, por fin, hemos dejado de estar flotando en un mar de posibilidades y hemos retomado el timón, bien siguiendo hacia donde queríamos ir, bien dando la vuelta porque ese camino ha resultado equivocado. 


A veces, es verdad, hay que tomarse tiempo para abrir la caja, cuando supone un cambio de vida radical. En ese caso, en ocasiones necesitamos esperar hasta hacer acopio de todo el valor o toda la fuerza dentro de nosotros mismos para afrontarlo. Pero al final debemos abrirla. 

Porque abrir la caja significa volver a vivir plenamente. 

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