Homenaje a mi correctora, lectora beta

Cuenta Stephen King en “Mientras Escribo” que cuando termina una obra, lo primero que hace es dársela a su mujer, Thabita, y si ella, al terminar de leerla, dice que es una mierda (sic) él, sin decir palabra, se encierra de nuevo para escribir una nueva versión. Esto se debe a que, según confiesa, tiene en Thabita a su mejor crítica literaria, quien le avisa sobre las incongruencias de los personajes o recupera su obra cuando King la tira a la basura. 

Leyendo eso, me he dado cuenta de que yo tengo en Mariló no sólo a mi mejor crítica literaria, sino a la correctora más perfecta que cualquier escritor pueda desear.

Ella, Mariló, es mi lectora beta. Para mí, que me resultó siempre prácticamente imposible dejar que amigos o familia leyeran mis obras por primera vez, fue mi difícil también dejárselo a ella, y cuando finalmente me armé de valor y lo hice me di de cabezazos contra la pared por no haberlo hecho antes.

Se puede pensar que si alguien cercano a ti es tu lector beta, te dice sólo cosas bonitas sobre tu novela, te adula y te regala un helado por lo bien que escribes. Eso podría ser maravilloso en cierto momento, pero no serviría para nada. El mérito de Mariló es mayor, porque en el momento que le dejo leer mi obra, se transforma en una lectora beta crítica, analítica, que entresaca todos los errores que puedo (y de hecho he) cometido escribiendo. 

Yo, mientras escribo, pocas veces paro a releer, simplemente escribo y escribo y escribo hasta que termino. Y después llega Mariló, señalando repeticiones, párrafos demasiado densos o largos, incongruencia entre el carácter de un personaje y alguna de sus acciones… y un largo etcétera.

Para mí, como escritora, no es fácil asimilarlo. Ese final lleno de magia, fuerza y fanfarria que yo veía perfecto en mi cabeza se deshincha como un globo pinchado ante las observaciones de Mariló que, en ese momento para mi pesar, pero luego por suerte para mí, suelen ser ciertas.

Cuando escribimos, estamos tan metidos en el mundo que estamos creando que perdemos la perspectiva (si hay alguien que no le pase, es un afortunado) y nos cuesta mirarla desde fuera. Además, nosotros somos los creadores, quieres hemos dado luz a esas criaturas y a quienes llegamos a amar u odiar dependiendo del personaje. Por ello no podemos evitar defenderlos como una leona a sus cachorros, y al principio las discusiones no son fructíferas. Pero después de releer, hay que admitir, a regañadientes, que el lector beta tenía razón.

Este trabajo se puede comparar al de un escultor del mármol, cuando quita grandes trozos del mismo para dejar la forma de la obra que quiere realizar. Pero después comienza otro mucho más complicado, ir tallando la pieza, sin romperla y sin cambiar su esencia.

Y aquí Mariló se quita la gorra de lector beta y se pone la de correctora despiadado. Nada escapa de sus conocimientos, como Licenciada en Filología Hispánica que es, ni de su mirada crítica: construcciones gramaticales enrevesadas, párrafos que asfixian al lector porque no hay ni una coma, aliteraciones, repeticiones de nombres… este último es uno de mis caballos de batalla, con el que sigo luchando cual Jorge contra el dragón.

Sé la suerte que tengo. Tener a tu lado una buena correctora, no sólo te ayuda a que tu novela quede mucho mejor, puliéndola capa a capa con un pequeño cincel, como haría el escultor. Sus críticas, sus opiniones, su visión acerada de correctora me han ayudado a mejorar como escritora, a tener en cuenta más cosas a la hora de escribir que el mero hecho de la narración. No sólo por la perfección de su corrección, volviendo una y otra vez al texto, aunque supongo que ella suspiraría resignada porque esto le parecería una total exageración, sino porque todo lo comparte conmigo, preguntándome si me parece bien, por las motivaciones del personaje, como es… ese cuidado y esa dedicación, horas y horas pasadas ante mis escritos, son algo impagable, por el aprendizaje que ha supuesto, supone y supondrá para mí.

¿Qué por qué escribo esto? Primero, porque mi súper

correctora se merecía ya un homenaje por su labor, muchas veces tediosa, a veces difícil si yo me pongo muy testaruda. Porque es ella la que toma la materia prima y la hace brillar, .la que me obliga a reescribir, añadir o quitar,. y la que da a mis novelas y relatos todo su esplendor. 

Por otra parte, esta mañana he leído un artículo sobre mujeres que trabajaron a la sombra de sus maridos, grandes escritores, y cuyo papel en las obras de éstos ha sido, además de innegable e impagable, imprescindible en muchos casos para que ellos alcanzaran el éxito que lograron autores como Navokov, Dostoievski o Juan Ramón Jiménez, entre otros. Y ya es hora que esa gran labor hecha en silencio, escondida, con paciencia, e imprescindible, quede al descubierto. Y si no, que se lo digan a Carrie o Lolita; ambas obras fueron rescatadas de la basura por las respectivas parejas de King o Navokob. 

Por último, si hay algún error en el artículo, estad seguros de que es porque no se lo he dejado  leer a Mariló antes de publicarlo :-p

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